Un atacante puede estar en posición de fuera de juego sin cometer una infracción de inmediato. El momento del pase y la participación posterior son cuestiones distintas.
Primero, fija el momento del pase
La referencia es el instante en que un compañero juega o toca el balón, no cuando el atacante lo recibe. Cuentan cabeza, cuerpo y pies; no cuentan manos ni brazos. Estar a la misma altura que el balón o el penúltimo adversario es estar habilitado. Se toma el primer punto de contacto de la jugada o el toque de un compañero; si el guardameta lanza el balón, se toma el último punto de contacto, al soltarlo.
La posición por sí sola no detiene el juego
Después el árbitro valora la participación. Jugar o tocar el balón puede ser interferencia; también puede contar disputar claramente el balón, tapar la visión de un rival o afectar a su posibilidad de jugarlo. Un rebote o una parada deliberada pueden dar ventaja a quien ya estaba en posición de fuera de juego. La decisión depende de la jugada concreta. La jugada deliberada de un rival requiere control y posibilidad de pasar el balón, hacerse con él o despejarlo. Un intento controlado pero impreciso puede seguir siendo deliberado; un simple desvío no basta. La excepción es la parada deliberada: intentar detener un balón que va a entrar en la portería o pasa muy cerca.
Tres reanudaciones directas son excepciones
No hay infracción por recibir el balón directamente de un saque de meta, un saque de banda o un saque de esquina. La excepción cubre la recepción directa: si un compañero vuelve a jugar el balón después, la posición se evalúa en ese nuevo toque.
Una comprobación práctica
- En el toque del compañero, localiza la mitad de campo, el balón y el penúltimo adversario.
- No te quedes en la posición: comprueba el contacto con el balón y el efecto sobre un rival.
- Tras un desvío, una parada o una nueva acción, vuelve al toque relevante del compañero.
- Comprueba si el balón llegó directamente de saque de meta, banda o esquina.